En este teatro de la crueldad,
donde la vida es un acto desesperado,
el arte es nuestra última trinchera,
un grito, un llanto, una verdad desnuda.

Las palabras se arremolinan, se desploman,
en el abismo de la incertidumbre,
pero en cada verso, en cada lamento,
se alza la dignidad, se alza la lucha.

Que los que vendrán encuentren en nosotros,
la semilla de una revolución del alma,
un fuego inextinguible de justicia,
en un mundo que aún debe nacer.